La historia favorita de Superman de Julián Clemente

Un cómic emitido por televisión

¿Mi tebeo favorito de Superman? Tengo muchos: me encanta el cruce con Spider-Man (el primero, el segundo me parece bastante lamentable y antiglamouroso), aquellas historias inocentonas dedicadas a explicar por qué nunca se destruía el uniforme de Supes, el Man of Steel de Byrne, que me sigue pareciendo el mejor origen del personaje jamás contado (Waid, chúpate ésa) o, más recientemente, el Action 775, e los Superman de Loeb y McGuinness (sí, ¿algún problema?), o el glorioso Superman: Identidad Secreta… Pero reconozco que por encima de todos esos tebeos, mi Superman, el Superman que se me viene a la cabeza cuando pienso en el personaje, es el de la película de Richard Donner.

Es también mi película favorita, sin más. Por muchas razones, y mentiría si dijera que la nostalgia no juega un importante papel, pero va más allá de eso. Superman sigue siendo, a día de hoy, la mejor película de superhéroes jamás realizada. Ni X-Men 2, ni Los Increíbles, ni Spider-Man, que ocuparían las posiciones inmediatas, son capaces de acercárseles siquiera. Tal vez porque en Superman está la épica y el drama, el mesianismo y la grandeza, y también el humor, y el romance, y la parodia y la solemnidad, y la aventura y la ciencia-ficción. Todo cabe en un filme perfecto que consiguió algo tan imposible como ser mejor y más preciso a la hora de retratar al personaje de lo que lo pudieran haber sido la inmensa mayoría de los autores que han pasado, pasan o pasarán por la Fortaleza de la Soledad. Es un Superman icónico, que tiene todo lo que debe tener Superman y al que no le sobra nada (ni siquiera ese Lex Luthor: he llegado a adorarlo); es Christopher Reeve contándonos lo que debía de ser un héroe. Y es la suma de los sueños de un niño que, una noche de sábado cualquiera, descubrió que los cómics también pueden emitirse por televisión.

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